27.2.07

Tu nombre



Por evitar decir tu nombre dije: ¡piedra!, 
y fue hecha entonces,
roca fuerte, altiva e imponente.
Roca, como la palabra
más fiera y dominante.
Roca, simplemente roca.

En el cataclismo cínico
de todas mis palabras,
forme una peña, mi masada,
y al recordar que fue creada
como escusa de tu nombre,
abatí mis fuerzas a sus faldas
y me olvide de ella.

Por evitar decir tu nombre dije: ¡hoja!
La até a una rama,
formé su tronco,
le di corteza con un verso,
creé mil bosques húmedos,
espesos,
solitarios,
albergué en sus venas esperanza,
caminé descalzo por sus espacios forestales
y olvidé un momento
que todo era una simple excusa
para no decir tu nombre;
entonces dije:
¡fuego!
y consumí sus cuerpos en la noche.

Por evitar decir tu nombre
dije el mío sin descanso,
cavé mil pozos de silencio
y me senté entre las estrellas,
desnudas y lujuriosas,
a esperar la lluvia del olvido.
Me embriague del roció
del claro de luna
y bañé mis ojos de culpa
y sin remedio
clave tu nombre en mi pecho
como mi última palabra.



David E. Alvarado
El Salvador
©2007 DEARmente

26.2.07

Reflejo


Cuando reposo de ti
imprudentemente
entre las hojas boreales de la distancia,
comprendo a poco mi encierro
en tu sonrisa diáfana
y enfrento sin tregua
esa forma tuya de sentirte mía,
es forma absurda,
impaciente,
rebelde y obstinada
de hacerte sentir mía,
y, poco a poco,
verso a verso,
desnudo tu estrategia.

Cuando reposo de ti
imprudentemente
en este espacio septentrional
y respiro con fuerzas tu nombre
que siempre está en el viento,
que siempre está en el fuego,
comprendo a poco esa manía tuya de quererme,
ese intento constante,
revulsivo e involuntario
de hacerte sentir,
de hacerme decir
que eres mía.

Cuando reposo de ti
imprudentemente,
comprendo que esa forma tuya de quererme,
típica, violenta e irreverente,
es tan solo un mínimo reflejo
de esta forma salvaje,
caótica y estridente
que tengo para amarte.

 

David E. Alvarado
El Salvador
©2007 DEARmente






23.2.07

Claroscuro

Me detengo un instante
en este libido lugar;
la misma esquina,
la misma calle,
la misma sombra;
el mismo pensamiento
absorbido una y otra vez
como un cigarrillo.

Dejo que mi vista galope
salvajemente y sin freno
hasta esa luz que 
apenas escapa de las sombras;
luego marchito mi voz
en la textura de la noche,
y pienso,
como si fuera algo ajeno en mi,
tu rostro,
tu desnudez,
tu soltura,
y me incomoda saber tu ausencia.

En mis sombras
ese narcótico sabor a tu piel
me asfixia,
me desespera, y,
aunque lo intento,
aún sigo en pie en esta esquina,
fumando el mismo pensamiento,
buscando sin remedio,
extinguir entre la noche
el claroscuro de mi deseo.

David E. Alvarado
El Salvador
©2007 DEARmente

22.2.07

Bajo la luz


Te confieso
haberlo dicho todo.
Como lluvia,
vacié mis palabras
gota a gota
sobre el silencio desierto.

Uno a uno
disparé mis versos
sobre el cuerpo desnudo
y frágil de la imaginación;
luego oculte mi pasos
en la noche,
oculte mis ojos
de su risa,
oculte mis manos
de su cuerpo.

Te confieso, pues,
una vez más,
estar vacío,
sin palabras,
sin fieras palabras,
sin palabras fieras.


David E. Alvarado
El Salvador
©2007 DEArmente

Poema Incendiario



Cercano al instante
en que no puedo pronunciar tu nombre
provoco mi boca con tu imagen;
atizo mis ganas con tu luz
que se desprende lentamente,
infinitamente,
entre mis sentidos.

Y vuelvo, sin cesar,
a caer entre tus brasas;
a sentir tu miel, tu néctar.
A incendiar mis bosques.

Pienso que soy como tú eres:
luz,
fuego,
y me poso irreverente
en tu incendio,
en tu boca,
en tu seno.

Cercano a ese instante,
etéreo e inconsciente
en que mi boca clandestina
se confunde entre tu vientre,
respiro
un vez más tu nombre,
entre golpe y bocanada,
y un absurdo e íntimo suspiro,
un recuerdo,
una palabra,
me transforma y me hipnotiza
y vuelvo siempre
a caer entre tus brasas.


David Alvarado
El Salvador
©2007 DEARmente