22.12.07

Antes que nada



Antes que nada,
quiero eclipsarme un momento
de este murmullo metálico
que a diario persivo;
y, escondido 
entre tantas dudas,
desvelo una ecuación involuntaria
para corregirme.
A diario
escondo el rostro real
de mis intenciones
y me suplico, con devoción,
el no ceder,
porque la lucha no es en vano,
tanta luz, 
tanta espera,
tantas ganas
nunca deben ser en vano.
Antes que nada,
me corrijo
y agradezco ante todo
este silencio inodoro,
esta paz que produce
la obligación de quedarme
callado en este instante;
sé que algunos tantos
estarán buscando en mí,
las escusas que no encuentran en sí mismos,
como yo busco
en este espacio,
las respuestas que no encuentro
en otra parte;
y florezco 
de una euforia tardia
al saber que no hay razón
para no quedarme aquí
tranquilo,
un minuto más
lejos del bullicio metálico
de lo cotidiano.

18.12.07

Sueños desempleados



La sensación que tengo
de haberme perdido en el horario,
se disipa cuando veo
la frontera,
el límite dialéctico
entre lo que puedo ser
y no soy;
entre lo que se espera de mi
y lo que yo espero
de todo el mundo.
Acurruco entonces mi entusiasmo
y predico,
que hoy no será
el fin de mi promesa,
que hoy no caduca mi contrato,
que aún me queda fuerza,
animo,
palabras
y mentiras
para seguir luchando en esta guerra;
predico
mi vos,
mi letra
y mi causa,
pero en esta soledad
sólo aprendo
de las quejas de otros versos.
La sensación que tenía antes
de haberme perdido en el tiempo
se ha disipado hoy
en la frontera,
justo en esa línea dialéctica
e infinita
de lo puedo ser y no soy,
de lo que se espera de mi
y lo que yo espero del mundo;
y predico
que mi causa
no es una causa perdida
sino una forma de espera
en este mundo
de sueños desempleados.

17.12.07

A oscuras


— ni se enciende una lámpara
y se pone debajo del almud —
(MATEO 5:15)

Me es difícil corregir la hora
porque no me encuentro
tan seguro de estar
en el lugar preciso.

Me es difícil distinguir las voces;
entre tanto silencio
sólo escucho la noche caminar
y poseerme.

Extiendo mi idea
intentando tocar algún sitio
y fecundar un escape
de esta sensación nauseabunda
que me produce la impaciencia.

Mas no puedo dejar de pensar
lo difícil que se me hace distinguir,
entender,
discernir
si estoy en el lugar preciso,
en la piel correcta,
en el instante que demandan
mis instintos.

Y es que hace tiempo
deje de ver el mundo
con las luces apagadas.

Me es difícil corregir la hora
porque no se distinguir tu boca
de entre tantas bocas
y me apena saber
que estoy perdido,
perdido,
y que aunque intento
fecundar mi escape
con la idea más astuta,
aún no acabo de encontrarme
y es que ya hace tiempo,
mucho tiempo,
deje de ver el mundo
con las luces apagadas.

16.12.07

Ignora

“Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”
Antoine-Laurent de Lavoisier

Ignora,
que el tiempo pasa y nos va dejando
melancolía.
Que las horas nos marchitan las ganas
y que las ganas a poco se nos pierden.

Ignora,
que aveces te encuentro
desnuda
en mi tintero.

Olvidalo,
por completo,
y no pronuncies más nuestro enunciado,
se ha acabado nuestra era,
no queda más espacio
para esa palabras que ahora
solo saben a tristeza.

Ignora,
el paso del tiempo y
florece en otro cuerpo.

Entenderás cuan inmortales somos
en la medida que no nos culpemos
el uno al otro
y procura en silencio
brotar en otras formas,
vivir en otras causas,
formar las nuevas eras.

Ignora mi voz,
mi canto,
mi tormenta,
y olvida que el tiempo pasa
frente a nuestros días
y aprende
que somos inmortales
en la medida en que no nos culpemos
el uno al otro,
sin remedio.

14.12.07

Ese gran silencio

... Yo lo puedo escuchar.

Y ese gran silencio esconde
una carcajada,
un bocanada de tristeza,
un beso que no nos dimos
pero que aun siento en mi consciencia.
Una voz,
un epitafio,
una quimera.

Ese gran silencio esconde
una ráfaga de enojo,
una culpa
de sentimientos tiranos
dictadores de lujuria,
de dolor,
de pena,
de sangre de flores tiernas
y necias.

Ese gran silencio me conmueve,
me culpa,
me cristaliza;
y no puedo callarlo,
lo siento en mis venas,
en mi despertar.
Es un silencio bullicioso,
constante e irreverente,
como el que que se desprende del espejo
cuando veo que no soy
yo mismo el que me veo.

Ese gran silencio me marchita,
me eclipsa,
me ignotiza,
me mortaliza,
me hace humano
y se me ocurre pensar
que tal vez soy yo
quien lo promuevo.