16.3.08

Levemente

Puedo caer levemente en tus manos
o en tu cuerpo.
Caer en dirección contraria al viento.
Lejos de las lágrimas.

Caer entretejido de argumentos que sostengan
que nunca estarás tan cerca de ser sincera
como cuando me besas
o cuando dejas que te bese
con prisa
y a veces deteniendo el tiempo
que nunca es suficiente.

Puedo caer
levemente en tu cuerpo,
llover a gotas en tu piel,
ser la excusa improvisada para detener,
aunque sea por un momento,
esa cultura de negarte a ti misma este suspiro,
este aliento de mi boca
que te come a pausas la conciencia,
este minuto en que decidimos detenernos,
aquí,
sobre la carretera
donde alguien quizás nos reconozca
por lo utópico que solemos ser
y besarnos
hasta sentir que podemos volver a hacerlo.

Puedo caer
exactamente
entre tus manos
o en tu sexo
y no saber cuándo
o dónde
comencé a poco
a robarte la inocencia.

No voy a involucrar mis ideas en este acto.
No voy a involucrar más de lo que obtengo.
Jamás volverás a ser tan sincera
que cuando te beso
en el estacionamiento de alguna excusa
o en la oficina de alguna pena clandestina.

No promuevas la cultura
de negarte a ti misma
este instante cósmico y transparente.
Este instante que tal vez mañana te cause risa.

Puedo caer
levemente
en mis propios agujeros
o caer, sin pensarlo,
en mi pesimismo
y aun así no saber exactamente
cuándo o dónde
comencé a poco
a querer que sucediera.
Cuándo o dónde permití
que nos pasaran tantas ganas.

Y sin pensarlo,
ni un momento,
vuelvo a sentirme
como si no supiera
lo que he hecho.


David E. Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente

15.3.08

Desviación acostumbrada


... prometo no volver a decirlo.

Te levantas y prometes
dejarle ahí suavemente
sin tocarla
con esa desviación acostumbrada.
La marea te estorba.
La arena te estorba.
El viento,
la nostalgia,
los recuerdos,
el velo que la cubre de tus manos
te estorba.
Quisieras desnudarla
con la luz aún encendida
mas no caer
en su juego matutino.

Y te desvías sin pensarlo
hasta su vientre.

La noche te estorba.
Quisieras que fuera de día
para esperar con ansias
a que anochezca.
Quisieras que fuera
un día cualquiera,
para acabar el ritual
como lo harías
en una noche cualquiera,
pero este inhóspito día
no te libera.

La bofetada te queda fresca
pero no puedes,
a pesar de ello,
dejar de desviarte
hasta ella.
Te levantas
como si nacieras
mil veces nuevamente,
lleno de luz,
de rabia,
lleno de tantas incoherencias,
y te prometes
quedarte ahí,
suavemente,
sin tocarla
pero no dejas de sentir 
que puedes,
que debes,
y te desvías
constantemente hacia su cuerpo.

La ropa te estorba.
las horas te estorban.
Las dudas te estorban.
Quisieras tener dos alas
y volar con tu equipaje
de promesas y mentiras.
Alguna vez
quisiste ser distinto.
Hoy sólo sabes
desviarte hacia su vientre.

Las palabras te estorban.
Prefieres escucharla en silencio
palpitando en tu cuerpo.
Prefieres tocarla
con tus ojos.
Prefieres ser 
otra vez
un adicto
de su vientre.

Su ropa te estorba.
Sus dudas te estorban.
Tu culpa te estorba.

Preferirías tener dos alas
y volar lejos de aquí
con tu equipaje
de promesas y mentiras.
Y aunque procuras con esfuerzo
no involucrarte en esta causa,
no puedes dejar de desviarte
lentamente hasta su cuerpo.

Las palabras te estorban,
te sobran,
te axfisian.
Aunque intentes detenerte,
no puedes dejar de desviarte
hacia ella,
no puedes dejar de sentir
que puedes,
que debes.
Y te sientes invitado
a decirlo
pero esta vez 
te has quedado
sin el verso irreverente,
no te queda más que seguir
esa desviación acostumbrada.


David E. Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente

Constantemente


Constantemente me equivoco;
suelo confundir tu paso
con el de una luciérnaga.
Suelo confundir tu boca
con una promesa.
Te dibujo alguna que otra primavera
pero no logro adivinarte quieta.

Constantemente me confundo,
entre tanto murmullo,
no puedo saber si eres
una gaviota o una sirena,
y tus manos tan pequeñas
no parecen peligrosas.
A menudo me sorprende
que me quieras convencer de tu veneno.
Para ver tu ternura es necesario dejar de verte
con lujuria y verte llena de risa.
Constantemente
no soy el mismo que vez todos los días.
Intento parecerme a alguien
que se sienta en este cuerpo,
que pretende pasar inadvertido.
Y de no ser por ese rastro de curiosas azucenas
que dejas cuando vuelas,
lograría pasar un día sin verte.
A menudo me parece
sorprendente.
Sueles dibujarte sin problemas
en alguno de mis sueños,
y me escandaliza
que me quieras convencer
que esa manos,
tan pequeñas,
son un tanto peligrosas.
No estabas tan equivocada,
algo de ti había en ese verso.
David E. Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente

14.3.08

Encuentro aleatorio



Nunca debe ser en mayo.

Nuestro encuentro debe ser
involuntario.
Debe tener ese elemento
de inocencia,
de casualidad.
Debe ocurrir, 
de preferencia,
en un día nublando,
un día de protesta,
para no convertirnos
en el centro de las miradas
y poder decir en voz baja
cualquier palabra
que rompa el silencio de tantos años.

Debemos tropezarnos
uno en el otro,
sin planearlo,
estrecharnos las miradas
y compartir quizás
uno o dos minutos de paz,
luego,
podemos decirnos algo que nos duela.

Nuestro encuentro debe ser
involuntario.
Debe ser el día justo
en que no te piense.
De preferencia 
en un día nublado,
un día que llueva,
para decirnos las cosas a gotas
junto con la lluvia,
para no creer que lloras
cuando hablas.

Debe ser un encuentro aleatorio.
Un instante desprendido del azar.
Debe ser un día después de octubre.

Nuestro encuentro no debe ser planeado,
no debemos provocarlo.
Debe ser inesperado.

Debemos encontrarnos
justo
como nos perdimos,
por casualidad,
por ignorancia.

Nuestro encuentro,
por lo tanto,
debe ser la razón justa,
para no volver a encontrarnos
una y otra vez
con el mismo sentimiento.


David E. Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente

13.3.08

Te pareces a mi boca



Te pareces a mi boca
cuando tiene hambre
de otra boca,
y a mis ojos
cuando inundan con deseo
otros ojos cercanos
y los consume.

Te pareces a mi carne
cuando se aferra
a esa necesidad atmosférica
de ser
carne de otra carne,
cuerpo en otro cuerpo,
alma en otra alma.

Te pareces a mí
cuando odio,
cuando amo,
cuando deseo,
cuando me nutro de otro cuerpo.

Te pareces a mis manos
cuando desnudan,
cuando poseen,
cuando acarician
y a mi voz,
casi irreversible,
cuando se posa en algún vientre.

Te pareces a mis ganas
de romper el hielo.

A mi nostalgia.

Y eres casi
exactamente como mi boca
cuando se desenfrena 
en otra boca,
sin pensarlo.
Cuando se desviste
y se conecta 
en algun vientre 
que no tiene culpa.
Cuando se sincera
y me pide
un pedazo de tu cuerpo.


David E. Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente

10.3.08

Tu boca



Me confundo, 
a veces creo verte 
confundida.

Tengo un defecto en mis labios:
una abusiva compulsión excesiva
por tu boca.
Un capricho que he intentado corregir
de tiempo en tiempo
posándome en otras bocas
hasta agotarme.
Sin embargo,
no he logrado corregirlo.
Y nada tiene que ver
esa clase que tomamos juntos
cuando llovía.
Nada tiene que ver
esa fascinación nuestra por compartir
las luces de la noche
y el reflejo del neón
en una taza de sueños líquidos
escritos en la libreta
que dejaste olvidada bajo la mesa.
Nada tiene que ver
con eso
la melancolía.
Necesito corregirme.
No me basta el universo.
No me basta tanta boca.
Bocas blancas.
Bocas tibias.
Bocas aves.
Bocas tierras.
Bocas.
Bocas.
Miles de bocas.
Bocas que explotan en risa.
Bocas que cierran la palabra,
silencio.
Bocas grises.
Bocas ciegas.
Bocas dulces.
Bocas fieras.
Mil enteras bocas en desuso.
Y, te confieso,
que me confunde esa insistencia
fuerte y estrepitosa
por esa causa aguda,
que no es causa de nuestra causa,
pues esa es causa perdida.
Y sé, que nada tiene que ver
esa noche,
la otra noche,
la única noche
en que pudimos ser profetas
del amor sincero.
Nada tiene que ver
la melancolía.
Mis labios tienen un defecto,
una abusiva compulsión excesiva
por tu boca.
No puedo corregirlo
en otra boca,
mi boca
se deshace por la tuya,
por el sabor dulce
y necesario de tu boca,
y no logro entender
su incorrectiva obsesión,
pues es curioso
que no recuerde
haber besado nunca tus labios.


David E. Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente



8.3.08

No vuelvas


No vuelvas;
nunca vuelvas.

Aunque que la nostalgia
sitie tus murallas caídas por el lamento,
o al acostarte confundas la brisa con el tacto de mi aliento,
no intentes regresar.

No vuelvas;
no lo intentes.

Aunque esa necesidad creciente en tu vientre
abata tus horas vespertinas,
o al pronunciarme la humedad te robe esa cautela
tan particular que tienes,
no intentes regresar.

Reflexiona,
no te vendas a la locura,
no aceleres nuestro encuentro,
no pronuncies
ni anticipes tu llegada.

No supongas ni resuelvas
que es el tiempo justo.
No supongas que te espero.

No lo intentes.
No provoques
ni conjures el pasado;
he comprado sus derechos.
He olvidado.

No vuelvas;
nunca vuelvas,
aunque tengas
prisa por sufrir.


David Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente

7.3.08

Déjà vu


Estoy seguro
de haber empezado ayer esta pagina,
sin embargo,
he vuelto a encontrarla vacía,
completamente vacía,
como si nunca en ella
hubieran pasado
esas horas de desvelo
que agoto entre letras;
y pienso que tal vez soñé
que estuve aquí sentado,
despierto,
escribiendo entre tanta impaciencia,
entre tanta ironía.

Estoy seguro
de haber iniciado ayer
esta pagina,
porque no tolero el silencio
que produce la noche
cuando no duermo
y castigo el insomnio
con este habito voluntarioso
de procrear palabras
desde el tintero.
Esta costumbre pues
de agotarme a mi mismo
con la violencia de los versos,
me da cierta certeza
para no sentir que deliro;
para no ceder a la locura.

Estoy seguro
de haber empezado ayer
esta pagina
pues es un acto impropio de mi conducta
olvidarlo,
y lo recuerdo.

Nunca olvido una lágrima sincera.
Nunca olvido una piel sincera.

Nunca olvido
que el silencio me sofoca
más que mis propias palabras
y estoy completamente seguro
de haber terminado ayer
exactamente
donde he iniciado ahora,
justo
cuando pienso en ti.

3.3.08

El juego favorito

a jarim62.

Esconderse.

No necesito contar;
desapareces justo
cuando acabo de decir
tu nombre.
Y no me eclipsa el tiempo mis ojos,
lo hace la melancolía,
la falta de aire que me producen
esos recuerdos de efecto tardío.

No necesito ocultarme.
Nunca estoy frente a tus ojos;
nunca estoy a la vista,
ni siquiera cuando doy
un poco de risa,
un poco de lastima,
un poco de mi.
Ni siquiera cuando me tienes
en tu cuerpo.

Pero insistimos en jugar
con esas frases favoritas,
aun queriendo no jugar
con nosotros mismos.

Huir.

Siempre que desnudo
mis más profundas intenciones
escapas en la noche
cubierta entera de risas en el llanto.

Cubierta de ataudes de nervios
y de flores escogidas al azar
por nuestras dudas.

Me desconecta tu reacción
a no sentir culpa de mí.
Me cambia.
Y cuando intentas decirme
lo mismo que yo intento decirte sin palabras,
me borro,
me esparzo en las cenizas
de nuestro último encuentro,
me deslizo y fabrico
el escape acostumbrado.

Olvido.

La palabra que buscaba no la recuerdo.
Después de un tiempo,
recordarnos tanto no es un logro,
es una carga, un explosión,
un efecto compulsivo de desear
cerrar el tiempo  con nuestras figuras de celos.

La palabra que buscabas se te olvido,
sólo recuerdas la noche que no fue,
el beso que no fue,
la caricia que no fue,
el momento,
el caos,
la culpa que no fue.

Y justo cuando la encuentro
sola,
plácida y desnuda,
se me cae de la boca.
La palabra no prospera,
nunca avanza,
y se me olvida
de tanto repetirla.

Esconderse.
Huir.
Olvidar.

Aunque nos hace
dibujarnos una pena
sigue siendo
nuestro juego favorito.


David E. Alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente