
Quiero volver,
respirar profundamente esos pensamientos libres
que nacen con el sol en la mañana.
Volver al principio
y no dudar.
He preparado lo necesario
para este viaje melancólico...
algunas palabras,
las más apócrifas,
las guardo por si acaso el rumbo se desvía.
Llevo un poema como bandera
encumbrada en el asta de mis sueños.
Llevo algunas canciones de amor
para enamorar estrellas en el viaje,
para conquistar las sirenas de la noche.
Oh, Espíritu nocturno,
sopla fuerte en el camino!
Oh, doncella brillante,
luna de nostalgia,
muestrate desnuda ante mí!
Quiero volver,
respirar profundamente ese aroma
que sólo valoran aquellos que se pierden...
quiero volver a ti.
Decir que sólo yo conozco
el terruño que me espera
y emular al poeta que grita con su verso:
"La historia de nosotros no tiene límite".
Decir que sólo yo conozco el camino
al rincón donde se oculta el verso final
de esta comedia,
y ver pasar el tiempo
mientras meso mis pasiones
en la hamaca que dejo olvidada
el poeta alado,
el santo loco.
Entonces,
me sentaré a la mesa,
me lavaré las manos
y tomaré una taza de café bohemio.
Luego,
le sacaré alguna lágrima a la guitarra,
con esa canción
que te deja los ojos cristalinos.
Quiero volver,
respirar tan profundo como pueda
tu nombre
y sentir que ya no me hace falta nada
después de este recorrido.

Alguien escribió mi nombre sobre el río,
sobre el agua que se rompe bajo la cascada.
Allí suena,
suena,
suena...
se golpea con la piedras.
Es el llanto frío y solitario
que no alcanzas a distinguir
cuando amanece.
Alguien lo escribió en el cauce que da
en la ventana de tu vientre
y allí suena,
suena,
suena...
se golpea con tus ganas.
Tu voz,
ese imperio incandescente de palabras
que se derrumba al pronunciar mi nombre,
aún la llevo marcada en mi memoria,
como un silbido del viento que pasa entre los árboles
de los bosques que asoman en mi mente.
Tu voz,
que me muerde el alma
en los tobillos
cual serpiente astuta y venenosa,
aún después de un tiempo
sigue corriendo por mis venas.
Sigue bombeando el corazón.
Tu voz,
a veces sobra,
a veces falta,
a veces me incomoda,
mas nunca pasa desapercibida.
Nunca.
Yo,
y un puñado de cosas
que no se pueden pronunciar,
hacemos cola aquí,
frente a tu ventana.
Tú,
y ese viento solano
que te besa donde te gusta tanto,
nos miran desde arriba.
El gato pardo se comió la hora
precisa de mi llegada.
Ya sabes que mi tiempo
nunca es tan exacto como tus premoniciones;
me cuesta controlar su ritmo.
Yo siempre llego más tarde
que cualquier presentimiento,
nunca antes.
Yo,
y algunas mentiras piadosas
esperamos aquí,
bajo la ventana.
Tú,
y esa nota que sacude el alma
de los transeúntes de la noche,
nunca han tenido tanta fuerza
como ahora.
Yo te espero,
sentado en la escalera de mis sueños.
Tú sólo quieres colorearme
tu nombre en mi silencio,
tu boca en mi mejía,
tu pecho en mi pecho
tu sexo en mi recuerdo.
Aquí, donde pasa lo que pasa
y queda lo que queda,
nadie entiende de promesas.
Yo,
y algunas palabras que ovulan amor,
contamos los autos rojos,
los ojos verdes,
las manos blancas...
Tú,
y esa ropa que te muerde el cuerpo
justo como quiero,
se ofrecen a mis ojos
que siempre piden más.
El gato pardo
vomita sus consecuencia nocturnas.
Nunca es tarde para pedir
un poco de perdón,
un poco de paciencia.
Él lo sabe...
... yo le creo.
Ya he fumado demasiados pensamientos
frente a esta acera de nervios;
he ensuciado la vista de algunos que me miran.
Alguien sabe que existo
en lo más profundo de la conciencia colectiva,
pero me ignora,
porque no sabe pronunciar mi nombre.
Nadie te conoce!,
me grita el zumbido estrepitoso de una abeja.
Nadie nunca escuchará tu queja!,
repite el eco de una cloaca.
Y ¿qué más da?
Yo no he venido aquí a publicar
mis discursos retorcidos;
no he venido a compilarme con la gente.
Yo,
y mis ganas de subir corriendo
hasta tu ventana,
esperan.
Tú,
te fabricas una historia,
una señal,
un poema.
Me quieres dentro
de todos tus afueras.
Yo sólo quiero la llave de tu puerta
y que me dejes terminar
mis versos
en el borde de tu ombligo.
David E. alvarado
El Salvador
©2008 DEARmente
Acepta por favor
este verso de amor
que tengo puesto en los ojos,
no lo desprecies.
Te ofrezco en él
la sinceridad que hay en mis bolsillos;
la frescura y rebeldía
de una rosa tomada de un jardín
donde la abeja,
el colibrí y la mariposa
se preguntarán después
¿a dónde ha ido aquella
en quien nos complaciamos?
Sé que mis torpes palabras
pueden traicionarme,
por eso
mirame a los ojos;
toma mi mano...
Este amor es tan singular,
que se esconde al fondo del salón
esperando tus ojos.
Es un entusiasta
de tu mirada.
No le niegues la razón de ser
a esta boca mía que desea
esa boca tuya de almendras.
Acepta por favor
este corazón desnudo y hambriento
del aire que alimentas
con la profundidad de tu belleza.