29.6.09

bon voyage




No quería que la viese llorar.
Ciertamente era una flor muy orgullosa...


Fragmento de "El Principito", de Antoine de Saint- Exupèry



Que no te sorprenda mi partida,
ni mi ausencia.

Me es necesario estar despierto
para no perder mi vuelo.

Las lágrimas no sirven de mucho
en ocasiones como estas en las que
nadie tiene la culpa de nada.

Me disculpo,
por si he causado una impresión equivocada.

Debiste suponer, desde el principio,
que no estaría aquí por mucho tiempo.

Un apretón de manos bastaría,
y ninguna queja.

En un instante u otro
las aves migratorias
me dejarán un rastro,
y yo, un emigrante más,
les seguiré la pista hacia otro lado.

No me gusta la nostalgia,
por eso siempre
improviso una salida.

Por eso, evito mirar el sol cuando se va
e imagino que está naciendo a lo lejos.

Tal vez te suene precipitado
pero, después de pensarlo un poco,
es lo único que queda.

Si sumas cualquiera
de las razones posibles
—o todas—
tendrás siempre el mismo resultado,
la misma consecuencia.

Lo sabes, lo sé;
no hace falta explicarlo.

Cuando sólo queda una salida
es preciso abrir la puerta,
cerrar los ojos e imaginar que todo
ya ha sido calculado.

No me esperes en la tarde
ni en la noche.

Dedica tu tiempo a encontrar la forma
en que nuestras ideas quepan en el mundo.

Cuando sientas el viento
levantandote la falda,
sabras que he regresado
a pasar un tiempo contigo.

Ahora, calla,
y mirarme partir
con un puñado de aves migratorias.



David E. Alvarado
El Salvador
©2009 DEARmente

12.6.09

Primera fila




Bueno sería quedarme aquí
como un invitado en primera fila,
hasta que el sol se apague
y la luna decida desnudarse ante mis ojos.

Hasta podría proponerme
alcanzar el paso del viento
y robarle un poco de esa locura
con la que suele colarse entre las faldas.

Creo que hay tiempo suficiente
para perder un poco en algunos desvaríos
tan necesarios como un poco de cordura.

Mis ojos, levemente apagados,
no logran consumir del todo
ese horizonte alucinógeno
que se pinta a la distancia.

Ni respirando tan profundo como pueda
alcanzaría a llenarme de ese algo
que se advierte en las mañanas o en las tardes
cuando sólo es preciso permanecer así,
como soportando los colores con la vista.

Bueno sería quedarme quieto
hasta que alguien, tal vez por accidente,
me recuerde en su platica nocturna
o en el fondo de una taza de café a punto de extinguirse.

Por momentos, me imagino cómo es
eso de ser sin que la gente se de cuenta
y me asalta una profunda carcajada.

Entonces, te imagino,
y mi estómago dibuja
el boceto errado de una mariposa.

Doy tres vueltas a la izquierda,
dos a la derecha;
sacudo mi cabeza,
con el peligro de perder algunas ideas,
y me siento en primera fila
a esperar que el sol, en su ocaso,
alcance a revelar, de una vez por todas,
la naturaleza de su sexo.

Una banda de zanates estridentes
me recuerdan que he extraviado,
en el fondo de mi disco favorito,
la única canción que conjuga con mis nervios.

En primera fila,
siempre hay alguien que está detrás
leyéndome la cabellera, y quizás
algunos pensamientos.

Así, soy yo
otra clase de espectáculo.

No puedo quejarme.

Todos en algún momento
alcanzamos esa perspectiva.

Pienso que si todo fuera menos excesivo,
nadie pediría descuentos a la vida.

Bueno sería, para todos,
comenzar de nuevo, desde el principio,
si al menos supiéramos,
cuál es el principio adecuado.

Mientras tanto,
y a pesar de todo,
intento no perderme nada
de lo que me ofrezca el espectáculo.

No siempre se puede estar
en primera fila.

Entonces, te imagino,
y siento como si alguien, a lo lejos,
intentara pronunciar mi nombre
justo en el instante en que ha decidido olvidarlo.

Entonces, mi estómago,
se dibuja el boceto errado de una mariposa
justo en el momento en que todo está por comenzar.



David E. Alvarado
El Salvadoe
©2009 DEARmente

3.6.09

Laberinto




De no ser porque estoy despierto,
asumiría que este ha sido el sueño
más pesado de mi vida.

El más triste, el más humano.
Ante todo, y sobre todo,
el más humano.

No hay mucho que decir.
A veces las palabras se estorban entre sí
y no queda mucho de dónde escoger.

Confieso que así, en silencio,
el dolor es más profundo,
o más exacto;
no sabría explicarlo.

Tanto encierro sólo produce confusión.

Por eso preciso de un puente
que me lleve al otro lado,
donde existe esa palabra
tan necesaria en este instante nauseabundo.

Allí, donde la luz
no opaca mis impulsos,
ni las sombras fermentan
mis temores cotidianos.

Pero, a falta de eso
tan impronunciable e inaccesible,
debo concebir otro plan,
otra alternativa.

Un escape menos narcótico y nocivo
que el último pensamiento
que se produjo mi memoria.

Debo, ante todo y sobre todo,
ser paciente,
ser.

Lo poco que tengo
de algunas pequeñas victorias,
me es más que suficiente.

Puedo disentir de la nostalgia.

Puedo restregarme el viento en el rostro
y abandonar la escena,
sin causar un cataclismo.

Puedo decir te amo
sin importar si a alguien le hace falta,
o le incomoda.

De no ser porque estoy despierto,
pensaría que todo ha sido un sueño.

Pero ante tanta coincidencia
sólo me queda acostumbrarme.

Con mi rostro así,
perdido en la distancia,
puedo decir que aún me falta mucho
para salir del laberinto.



David E. Alvarado
El Salvador
©2009 DEARmente