30.6.10

Desánimo




Me inunda el silencio.

Tengo algunas ideas agotadas,
otras vencidas.

Ninguna de ellas me sirve para
pagar el peaje hacia mi escape.

El ánimo está tan desanimado
como el espejo cuando observa que lo observo.

La cuenta regresiva se detuvo
para darme tiempo de contar hacia atrás,
sin equivocarme.

La lluvia, el cielo gris, la música, la gente...
todo se confunde en un mar de golpes de tacón
y el compás disonante de los pasos que se alejan,
sin embargo, mi silencio es más ruidoso.

Aquí, enroscado en la nada,
empiezo a entender ese silogismo que hay entre nosotros,
el teorema de nuestro adiós.

Empiezo a comprender la distancia.

Cierro mis ojos de vez en cuando,
ante este murmullo de gente desconocida,
para acercarme a tu recuerdo,
pero no puedo, aunque lo intente,
soltarme del pesimismo.

Me inunda el silencio,
y el tic tac de ese reloj sobre la pared
que me recuerda que he llegado tarde
para presentar mis quejas.

Preparo un informe con mis promesa
para ver si alguna me alcanza para el viaje.

Apenas consiga los permisos necesarios
voy a salir sonriendo por la puerta delantera.

Mientras tanto, las paredes, frías,
me devuelven las miradas.

David E. Alvarado
El Salvador
©2010 DEARmente

8.6.10

Soledad




Resulta que, después de todo,
estar tan solo no es tan cómodo ni suficiente
como pensaba.

Compartir tanto tiempo conmigo mismo
me sofoca tanto como estar con alguien sin estarlo.

La mente es un rincón demasiado inestable para algunos pensamientos.

Algunas palabras siempre sobran
donde otras hacen falta.

Estar solo, aquí, o allá,
quizás si tenga algún grado de incompetencia.

La diferencia entre esa concurrencia
de seres anónimos y desconocidos y este ser
colgado de las palabras más estúpidas que se pueden pronunciar,
soy yo mirandome al espejo, escuchando mis palabras.

Y vaya que sí es un disparate
pretender entender mis propias palabras
con esta cantidad exagerada de sandeces que la mente,
sin propósito aparente, genera sin cesar.

Entiendo que, sin más remedio,
en algún momento, tendré que buscar un poco de compañía,
para darme cuenta que,
la única diferencia entre estar tan solo
y estar rodeado de tanta gente desconocida,
soy yo juzgándome a mi mismo,
declarándome culpable de tanta soledad.



David E. Alvarado
El Salvador
©2010 DEARmente