23.10.09

Sin escape


the end... by ~salihguler on deviantART

Es cierto,
no tengo escapatoria.

Estoy atrapado
en alguna de esas palabras
que he olvidado pronunciar.

Inmóvil,
imagino el resultado:

el fin.

Lo sé.

No puede juzgarse a un hombre
por su silencio,

sin embargo,

una palabra basta
para condenarme,
o sacarme del abismo.

Una sola palabra,
mayúscula o minúscula,
como que sea!

Quisiera decir que lo he intentado,
pero no es cierto.

En mi última maniobra
he perdido el equilibro,
la razón,
el entusiasmo...

Casi olvido, en el intento,
mi única promesa voluntaria:

repetirme,
hasta agotarme.

Afuera llueve.

Escucho algunas gotas maldecir
mi nombre mientras se rompen
en mil fragmento de sí mismas,

repitiéndose.

Mi pensamiento es más extenso
de lo que había imaginado;

lo suficiente para sostenerme,
a pesar de mis latidos.

La lluvia estornuda en su paso.

Su profecía me lastima,
aun después de su caducidad,
de su locura.

Si pudiera encontrar la palabra correcta...
el instante correcto...
la verdad,

no seguiría así,
pronunciándome en silencio.

Por el momento,
sólo hay una cosa cierta:

no tengo escapatoria,
debo romper el silencio
y asumir las consecuencias.



David E. Alvarado
dear1979©Todos los derechos reservados


***


29.9.09

Tu nombre

(2)



Hice de tu nombre mi quimera,
mi silencio más profundo,
mi palabra más extensa.

Donde quiera que fui,
o con quien sea que estuve,
en todos lados, y en ninguna parte,
lo llevé siempre conmigo.

Escondido en las palabras más esquivas,
oculto en los versos más precipitados,
en todos lados, y en ninguna parte,
estuvo siempre conmigo.

Y aunque mi voz, eco de piedra húmeda,
evite con esfuerzo pronunciarlo,
mi corazón hundido en su silencio
se niega a toda costa a olvidarlo.

En el café de la mañana,
en el sol de mediodía,
en el beso apresurado del ocaso,
en la película nocturna.

Aún después de mis horas hábiles
y de todos mis minutos de cordura,
me es imposible ignorarlo.

Canto de la noche,
eco del silencio,
palabra de pocas palabras,
no lo dudes:
algún día he de olvidarte.


David E. Alvarado
dear1979©Todos los derechos reservados

11.9.09

El juego



Me invitas a cerrar los ojos,
como si intentaras sorprenderme con tu juego.

Accedo.

Me diluyo en mi propia oscuridad
mientras tú desembocas tus ganas
en mi cuerpo.

Bebes de mi,
hasta saciar tu sed inmediata.

Me amarro a tu lengua,
antes de saltar hasta tu abismo.

En mis ojos no hay espacio disponible
para la luz.

Tú lo invades todo, desnuda.

Nuestras carnes son ahora
lo único que cuenta.

No puedo evitar rebasar algunos limites,
mientras consumo tu piel,
esa dulce corteza que nutre mi boca.

No puedo evitar romper algunas reglas.

Ambos sabemos que, en este instante,
las disculpas son innecesarias.

No hay razón para las palabras;
los gemidos bastan.

Aquí, colado en tu vientre,
aún soy una esperanza pronunciable,
aún soy.

Haberte encontrado así,
de improviso,
sin las protecciones adecuadas,
no deja espacio para otra cosa.

Así, cuando hayamos terminado,
podremos quedarnos quietos,
desnudos,
apagados.

Si enciendes la luz
verás que tengo las alas puestas.

Si apagas la luz
verás que no existe otra salida.

Y, mientras esperamos
que se nos pase el efecto,
podemos seguir jugando
a que no nos conocemos.



David E. Alvarado
dear1979©Todos los derechos reservados.

26.8.09

Inadvertido



Nadie se enteró de mí,
nadie.

Deje caer el frío de mis ojos
en los transeúntes sin destino,
y nadie supo corresponder
toda la atención que les prestaba.

A veces, soplaba fuerte
entre las faldas de las prostitutas callejeras
y a penas y sentían algo diferente.

Mis esfuerzos eran cenizas viejas
de cuerpos olvidados y sin nombre.

Ni mi sombra confundiendo los semáforos
los hizo voltear la vista o preocuparse.

Nadie se enteró nunca de nada.

Todos, perdidos, caminan hacia ningún lado,
hacia ninguna parte y yo, en esta esquina,
columpiando mis deseos como un niño.

Las moscas, sí;
también algunas golondrinas.
Ellas fueron mi única compañía.

Mis palabras se fueron quedando quietas.

Aprendí del humo de algún cigarrillo
que la soledad es más profunda
cuando hay tanta gente cerca,
sin buscarnos.

Entonces, al compás de algunas gotas de lluvia,
decidí alzar el vuelo, escapar de este sitio,
esperando que al abrir mis alas, alguien notara mi ausencia,
o mi presencia...

Pero en ésta ciudad, como en otras tantas,
nadie repara en palabras desnudas en protesta,
nadie advierte el valor de una promesa.

Por ello, aunque grité mis dolores en el tráfico,
nadie se entero de mi tristeza,

sólo algunas moscas
y unas cuantas golondrinas.



David E. Alvarado
dear1979©Todos los derechos reservados.