26.9.11

Remotos e imposibles



Me sirves una taza de silencio
esperando que dure tanto como mi insomnio
y te sientas a mi lado cual estatua
sin prestar más atención que a tu ausencia en la pared.

Enciendes la luz nocturna de tus ojos
mientras apagas tus pensamientos cotidianos.
Me rindes tu cuerpo pálido y frío,
mas en tu mente escapas a un lugar
donde no se puede mencionar tu nombre.

Me corriges.
Dices que no soy el mismo de antes;
ese que te imaginaste que era
y que no soy,
y me prohíbes sincerarme.

Entonces, no queda más remedio
que dopar todos mis nervios,
apuntar mi boca a tu mejilla,
sacudir tu pelo con una promesa
o con una falsa sonrisa
y tender un puente entre nuestros espacios remotos
e imposibles.



David E. Alvarado
© 2011 Todos los derechos reservados

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31.8.11

Fabricando un silencio


Foto: fuente desconocida.


Tú, silencio sacro,
profundo,
indisoluble,
sofocante.
Agónico, a veces;
frío.

Y yo, aquí,
esperando tener a la mano
un par de piedras adecuadas,
o, si fuera posible,
un verso diferente
para romper su cristal.

Tú, que siempre estás,
nunca estás.

Tú, que pides,
no das.

Y yo, aquí,
sin prisa,
sosteniendo entre mis manos
un poco de paciencia,
fabricando un silencio propio
para demostrar con él,
que las palabras están allí,
dormidas,
esperando que las despierte.


David E. Alvarado
© 2011 Todos los derechos reservados

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22.7.11

El cielo sigue allí



Un día te eché de menos,
entonces decidí
echarte de mi mente.

Atrás llovía,
muy atrás, lejos...
al sur.

Al norte, en lo alto de todas apartes,
una estrella moría de fatiga, de impaciencia.

Mi estrella,
tu estrella,
nuestra...

Todas las cartas que escribí,
antes, después, siempre,
terminaron en alguna hoguera
o en una subasta de quejas sin postor;
no sé... ya poco importa.

Un día te eché de menos,
pero ya no estabas en mi memoria.

El cielo sigue allí,
siempre,
como esperando a que diga algo propio
o a que repita el silencio con mis ojos.



David E. Alvarado
© 2011 Todos los derechos reservados

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16.6.11

Indiferencia




Asumo con la violencia necesaria
que este es el final de nuestra historia.

Ya puedes soltar la bala
para ver si toca, mata y me idealiza.

Cierra la puerta cuando salgas
no sea que mis ganas me resuciten
o que la culpa te persiga.

Mañana, cuando me recuerdes,
lávate la boca
y recita mis versos que nunca entendiste.

Si la bala me toca y no me mata
ya sabes a quien culpar de toda esta indiferencia.



David E. Alvarado
dear1979©Todos los derechos reservados

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