Laura Antonelli
escribiría algunas palabras
verdes,
de carne y sangre,
o de plumas.
Renovaría los adjetivos
para adaptarlos a mi prosa
y escribiría en mi tinta azul
esos paisajes de oro
que me dá el atardecer.
En un día cualquiera
besaría alguna boca lejana
de saliva y de flamas de fuego;
con solo pensar la besaría
y bajaría hasta su lengua
serpiente y paraíso.
Hoy, no.
Quizá catalogaría mis emociones
y ordenaría mis sentimientos
en clases, subclases y raíces.
Luego acentuaría cada oración boreal
con estas clases, subclases y raíces.
Parecería normal;
yo reiría
y luego me iría a dormir
a las calles de la nostalgia y el delirio.
Sería bestia o corazón.
En un día cualquiera
pintaría tormentas de vidrio,
arrojaría mis ojos allá,
acá o a ninguna parte;
pasearía mi cuerpo
en cualquier cuerpo
o en no sé dónde,
me bañaría en el crepúsculo
y aullaría a la luna nocturna.
Hoy, no.
En un día cualquiera,
menos ahora.
Hoy dejaré que se vaya.
No lo ataré a mí;
No es necesario,
no soy necesario
al mundo, al tiempo,
a los espasmos, a tus ojos.
Caeré y me volveré ceniza.
Seré un vapor húmedo en el viento.
Suspiraré,
aunque no exista.
¿Me llamarás?
Yo escucharé tu voz en mis abismos
y reposaré en tu sexo.
En un día cualquiera estaría huyendo
o fumando algunos sueños húmedos;
Hoy, no.
En un día cualquiera,
menos ahora.
Hoy dejaré que se vaya.
No lo ataré a mí;
No es necesario,
no soy necesario
al mundo, al tiempo,
a los espasmos, a tus ojos.
Caeré y me volveré ceniza.
Seré un vapor húmedo en el viento.
Suspiraré,
aunque no exista.
¿Me llamarás?
Yo escucharé tu voz en mis abismos
y reposaré en tu sexo.
En un día cualquiera estaría huyendo
o fumando algunos sueños húmedos;
hoy estoy pensando en ti.
David E. Alvarado
El Salvador
©2007 DEARmente